Archivos para Junio 2007

26
Jun
07

Columpios

¿Te imaginas un columpio en el Sahara?

Lo más sorprendente de esa pregunta, es que no era la primera vez que me la hacían.

Verás. Lo que hoy es la Plaza-Grúa era donde estaba antes la Casa-Grúa. Debió ser una vieja imprenta, pero yo siempre la recuerdo cerrada. Aún el fenómeno Okupa no había nacido, así que la casa estaba vacía. La grúa que daba nombre a la casa, estaba encima de un viejo, viejísimo muro de piedra que a veces saltábamos para adentrarnos de aventuras en la vieja casa. Algo fantasmagórica sí era, con sus viejas cadenas donde ataban a los perros aún soldadas a la pared. Los cristales rotos y la escalera de fuera medio derruida. Decían que una vez, un hombre perdió una mano en un accidente de la imprenta y que aún estaba por allí, que podías encontrártela entre los escombros. Yo por si acaso, nunca entraba el primero. Íbamos en fila, riéndonos nerviosos y diciendo tonterías en voz alta para fingir que no estábamos asustados. Luego, salíamos siempre corriendo, con un botín de cachos de escayola que usábamos como tizas y un cargamento de pulgas que nuestras madres se afanaban en quitar entre broncas y bofetones.

- ¡Piojos y Pulgas!, ¡solo traes bendiciones a casa!. ¡Que no se te vuelva a ocurrir entrar a la Grúa!.- era una de las cosas que gritaba mi madre mientras mientras me sacudía en la cabeza.

Así que al día siguiente, nada de aventuras saltando el muro. Nos quedábamos en la plaza, mirando la grúa desde lejos. Lo malo es que la plaza donde vivíamos, no tenía nada. Ni siquiera bancos. Solo era un pedazo de cemento en el que se atrevía a subsistir un pequeño jardín, que se llenaba de hierbajos en verano y de charcos en invierno. Antes teníamos árboles pero, (debo confesar), acabamos con ellos una gloriosa tarde en la que nos batimos a muerte en una memorable batalla de ramas contra los de la otra plaza. Desgraciadamente, los árboles no sobrevivieron a la lucha y ahora nos habíamos quedado sin sombra. Debimos haber pasado el campo de batalla a la otra plaza, pero ya es demasiado tarde para eso.

Aquel verano solo quedábamos Juancar y yo. Bueno, como siempre. Los demás se iban al pueblo, o a playas lejanas donde había helados y columpios.  Y mientras, allí estábamos nosotros, como fantasmas en la ciudad desierta, sentados en el bordillo, comiendo pipas en silencio y mirando a la grúa. Soportando el calor inmisericorde de las 3 de la tarde.

-¿Bajamos las bicis?

-La mía está pinchada. Tiene que arreglármela mi padre.- mascullé mientras comía pipas.

-¿Y el balón?

-No me deja mi madre…

-Ah, si, la ventana, ya….

Cris, cras… cris cras…. era el único sonido de la tarde. Respirabamos el calor. Incluso los rayos de sol parecían ser muy pesados y lo aplastaban todo. Ni siquiera había sombra.

-¿Te imaginas que hubiera un columpio?

-Si.. ya… ¿Te imaginas un columpio en el Sahara?

Aquella frase nos trasladó al desierto, era fácil imaginarlo con aquel aplastante calor. Dunas… arena… sol… y un columpio. Un ridículo y solitario columpio para nadie mientras nosotros mirábamos la grúa.

-Nunca pondrán columpios aquí- Sentenció Juancar sacudiéndose las cáscaras de pipas de la camisa- Hace demasiado calor.

De eso hace ya muchos años. Un día tiraron la casa grúa, y el muro, y usaron el solar para hacer una plaza. Encima de un parking, eso si. Pusieron bancos, jardines y hasta un columpio. Pero Juancar tenía razón. Era un lugar demasiado despejado, castigado por el tremendo calor en verano y por el gélido viento en invierno. Por eso yo nunca elegía esa plaza para llevar a los niños a jugar. Nunca excepto ayer, que me pillaba de paso. Estaba yo haciendo tiempo sentado en un banco, cuando un padre despistado como yo tomó aliento junto a mi, y secándose el sudor de la frente, entablamos una conversación sobre el tremendo calor que hacía ese verano. Los niños habían encontrado refugio a la sombra del tobogán. Y ahí surgió la preguntita de nuevo.

-¿Como serán los columpios en el Sahara?. ¿Te imaginas?

Le miré incrédulo sonriendo. Aquellas palabras hicieron que volviesen a mi mente las dunas, el sol, y aquel absurdo y vacío columpio, tal y como lo habíamos dejado aquella calurosa tarde de verano. Juraría que incluso podía notar el sabor salado de las pipas. 

-Si- dije con la mirada distraída, y un toque de nostalgia en los ojos.- Lo recuerdo. … Lo imagino.

19
Jun
07

La Mortadela

Aquel año les había dado por mandarnos al fútbol. No por que nos gustara especialmente. Mi padre decía que mientras los niños estábamos entrenando, no estábamos en otro sitio. A mi me parecía una frase tan tonta que no entendía lo que quería decir. Pero sea como fuere, ese argumento convenció a los demás padres así que todos los de la cuadrilla acabamos entrenando los martes y jueves.  Mi madre nos daba la merienda a mi hermana y a mí y nos mandaba solos al campo a entrenar, aunque Maite era demasiado pequeña y me esperaba en las gradas jugando o dentro de los vestuarios. No sé donde.

El bocadillo a veces estaba duro. Otras veces, gomoso. Pero la cosa es que no se podía comer. Y yo salía muerto de hambre.

Iván jugaba de central. De todos era el que mejor enviaba balones a los delanteros, sobre todo a Junior, un argentino que vino a mitad de curso y resultó ser el crack del equipo. Recuerdo que un día, cuando Iván estaba a punto de rematar un gol, Jaime le entró por detrás, derribándolo con un tremendo golpe. Y todos pudimos verlo, yo lo vi, como le arañó el cuello al levantarse. Lo hizo aposta y le hizo sangre. Ese día, Iván se hartó y se enzarzaron en una pelea. Se estaban moliendo a patadas entre los dos. No gritaban. No lloraban. Ni siquiera se quejaban. Solo buscaban entre los dos la justicia a base de golpes, sabiendo que no cabían los lloros. Al menos, de momento.

Cuando llegó el entrenador sí, entonces comenzaron a gritarse, a insultarse y Jaime se puso a llorar. Por eso mismo, el entrenador castigó a Iván. Siempre era demasiado duro con nosotros y nos gritaba mucho. Me asustaba como me gritaba con el cuello tan gordo que tenía. Y la cara tan roja… Pero a Iván además le expulsó del campo. ¿El motivo? Que Jaime era más pequeño y no había que pegarle. Creí ver que Jaime sonreía con los ojos a pesar de seguir llorando. Había ganado.

Así que Iván volvió antes de tiempo a los vestuarios. Sangrando y cabizbajo, con la sensación de la derrota en el cuerpo y tanta rabia que llevaba los puños apretados. Le sorprendió encontrar la puerta cerrada. Sangrando como estaba y con todo el disgusto encima comenzó a golpearla. Y entonces la puerta se abrió.

Era Maite.

- Maite, ¿que haces aquí?

- No digas nada. ¿Lo prometes?
Iván dejo de pensar en sus heridas, vencido por la curiosidad.

Maite tenía ahí dentro, en el vestuario toda una colección de muñecos. Se había tomado el trabajo de hacérselos con palos de helado, envoltorios de chocolatinas, iturris y toda clase de cachos de plástico. Las cabezas eran bolas de papel de aluminio y estaban ingeniosamente vestidos con bolsas de pipas.

-Estos son todos los jugadores de los equipos. -explicó Maite, haciendo que Iván se estremeciera- Como me aburría, me he creado mi propio campo de fútbol. Este es Gontxal, Ander, Xabi, Andoni, Junior, Aitor, Jonathan, Jaime… este eres tu – dijo señalando un muñeco bastante grande.- Josu, Amaia, Nerea y Endika. Y estos son de otros equipos, pero no me se sus nombres. Este es el gordo ese del Begoña que juega tan bien… este es “Benji” el del Dima. Es el que mas corre de todos. Por eso estoy pensando en romperle alguna pierna…

-Pero… Maite… – dijo Iván asustado- y ¿que haces con estos muñecos?

-Pues juego. -dijo la niña encogiéndose de hombros.- a Gontxal le pongo de portero y los demás siguen la canica, digo la pelota. Pero si alguno se porta mal, le castigo. Mira, ahí debajo tengo muchos más.

Iván cogió su muñeco y se fijo en que estaba medio suelta su cabeza.

-¡Oh, perdona!- dijo Maite arreglándola.- ¡Ya está!. Me aburría y estuve haciendo unas faltas…

Iván se llevó la mano al cuello, tocando su herida que había dejado de sangrar.

-¿Y Jaime? ¿Dónde esta?

Maite lo saco del centro del campo.

Iván lo cogió en sus manos y retorció uno de los brazos del muñeco. Unos instantes después un gran alboroto vino del campo. Iván y Maite recogieron rápidamente los muñecos en una taquilla y salieron a ver que pasaba.

Jaime.

Seguramente habría sido la casualidad, pero Jaime se había caído al hacer una entrada brusca a Junior y se había golpeado el hombro. El entrenador llamó a la ambulancia y lo sacaron de allí. El entrenamiento terminó antes de tiempo.

Aquel año ganamos la temporada, a pesar de que no éramos muy buenos y de tener dos niñas en el equipo.  Lo raro es que a partir de aquel día, Iván siempre cambiaba su bocadillo con Maite a la salida del entrenamiento, y acabábamos los dos sentados en silencio, masticando pacientemente la gomosa mortadela que mi madre se empeñaba en meter en el bocata, mientras Maite correteaba jugando a comiditas con sus muñecos.

14
Jun
07

Creo que me duele la cabeza….

La vida es sólo un cúmulo de casualidades.

Perra vida, y todas se están acumulando hoy.

Recordarlo luego será divertido… Eso espero.

13
Jun
07

1984

El tren acababa de llegar de Deusto, y al bajar  nos encontramos con la manifestación justo en frente de la estación. Sólo estabamos los dos, Jorge y yo. Los demás se habían quedado en Deusto. Y me puse nerviosa. Nunca me han gustado las manifestaciones. Creo que él vió el miedo en mi cara y en seguida decidió aprovechar la ocasión. Antes se aprovechaba cualquier ocasión, igual que ahora.

-No podemos salir ahora, en seguida entrarán todos. Ven.- me agarró de la ropa bruscamente y me llevó corriendo hasta una esquina resguardada de la entrada principal. Me empujó contra la pared y se puso en frente mio, protegiendome con sus brazos en un gesto tan varonil y sexual que hizo que se me olvidara que habian empezado los tiros, y dejé de prestar atención a la marea humana que irrumpía en la estación, empujandose, aplastandose, pisoteandose, gritando, sin asustarme por los porrazos que asestaban los antidisturbios a diestro y siniestro, contra el primero que pillaban. Desde nuestra apartada esquina, sólo podía fijarme en sus ojos, colgados de los mios, y en esa sensación de magnetismo inmóvil que me estremecía de arriba a abajo, sintiendo como sus labios se acercaban, hasta ganar mi boca,  explorando mi lengua, dejando su fuerte sabor a saliva y tabaco inundandome entera, en un beso que tranquílamente podria calificar como el más salvaje que me han dado en la vida, y que parecía protegernos de la locura a nuestro alrededor. Tan ensimismada estaba, que ni siquiera me enteré cuándo se terminó todo. 

Es curioso lo rápidamente que se disuelve la gente en esas circunstancias. Incluso los que han sido heridos. Todo queda despejado tan espontaneamente que aquél que llegue dos minutos más tarde, es incapaz de ver algún rastro de lo ocurrido.

No recuerdo bien cuanto tardamos en llegar a casa. Sé que subimos despacio la cuesta, hablando y riendo de tonterías, bromeando y dandonos cómplices manotazos, buscando el roce, supongo.

-Quédate hasta las once. Hace muy buena noche- pidió él a la puerta misma de mi portal.

Y yo me quedé aunque era una hora descabellada para mí. Al día siguiente había colegio. Pero sí, desde luego, hacía una noche maravillosa y el mundo había estado a punto de terminarse hacía sólo un momento.  Nos despedimos con otro beso, esta vez, menos apasionado.

En el corto camino que me separaba de casa, una voz habló en mi cabeza borrandome la sonrisa.

-Solo quiere acostarse contigo, lo sabes, ¿no?.

No quise contestarme, pensando que tal vez así la voz se callaría. Pero no. No se calló.

-Y él no es tu novio. – siguió recordandome implacable.- es el de tu amiga. Tu mejor amiga. Tu única amiga. Esa que te pasa notitas de amor para que se las des a él. Esa que le ama tanto que no puede sino dibujar corazones en clase de lengua. Suspenderá solo por eso. Esa que se queda prendada de sus ojos cada vez que están juntos. ¿Acaso no has visto como se miran?

-Y ¿Cómo me miraba él a mi hace un momento?- Me repliqué yo misma algo enfadada.

-Alicia, sólo tienes trece años. No deberías meterte en este lío. Piénsalo mejor.

Mientras abría la puerta, despacio, disfruté de unos segundos sin pensar en nada.

-Estoy cansada, es tarde. – me dije al fin . – Hace tiempo que debería estar dormida. Déjame. Mañana lo pensaré.

Supongo que tomé la decisión equivocada.

11
Jun
07

Urkiola

Urkiola

08
Jun
07

Los City Boys

- Un chandal. Tienes que llevar chandal. Ropa cómoda, ya sabes. ¡Ah!, y algo de manga corta por debajo, por si hace calor.

-No tengo ningún chandal…

-Mujer, cómprate uno, no hace falta que sea caro ni nada de eso. No, no, ellos no se fijan en la ropa. Y mejor si te cortas el pelo. El pelo largo da mucho calor, va a estorbarte.

-¿El pelo?- dije llevandome una mano a la cabeza.

-Si, no te preocupes. Allí no se mira la belleza como aquí.

- Y ¿tú los has visto alguna vez? ¿A los extraterrestres?

-Si, claro. Bueno… los extraterrestres no, claro. Pero la nave si, la he visto muchas veces. Suele pararse encima del monte de Artxanda.

-Hombre, serán los aviones…

-Si, jajaja eso es lo que dicen todos. No. Algunos son aviones, pero a veces son ellos. Prenden luces rojas y verdes para que les veamos. Tú no estuviste en la reunion la noche de los escarabajos azules… Fué todo tan hermoso… Nos unimos todos las manos mirando al cielo, diciendo Ohmmmmmm asi mucho rato. Y al final nos abrazamos y todos llorabamos. Fué muy emocionante, de verdad, debiste haber venido… Se sentía una sensación de hermandad, de amor…

-Ya sabes que no pude ir.

-Si, si- ella se habia quedado pensativa un rato, recordandolo. -Bueno, entonces, no te preocupes, tu espera la llamada. Te llamaremos. No te alejes del teléfono. Será pronto.

Nos despedimos ahogando las lágrimas. Y me fuí a comprarme un chandal. Tiene gracia. El fin del mundo a la vuelta de la esquina y yo preocupada por el chandal que voy a llevarme. Miro a la dependienta sintiendo lástima de ella. Pobre mortal que no conoce La Verdad. Desaparecerá con el resto. Pobre. Sonrío condescendientemente mientras pago.

Llego a casa con el chandal nuevo y decido cortarme yo misma el pelo. No tiene sentido ir a la peluquería, ademas, me llevaría tiempo, y la llamada puede ocurrir en cualquier momento. Mientras incrédulos mechones de pelo caen en el lavabo, pienso en como seran los extraterrestres. En seguida desecho la imagen del bicho verde con varios ojos y dedos de ventosa. Imagino seres lumínicos, como una foto que había en el centro de Star Sheran. (¿Como se escribirá eso? ¿Ashtar Seran?) Bueno, da igual. Dicen que cuando la gente ve apariciones de la Virgen es en realidad Asthar? Xeraan? quien se les aparece. Que es un ser tan bello que la gente lo confunde con la Virgen.

Bueno, ya está todo. Solo queda esperar. Esperar la llamada. Espero y espero hasta que me quedo dormida. Tampoco llama nadie al dia siguiente. Ni al siguiente. ¡Mierda!, Ojalá inventaran algún telefono que se pudiera sacar a la calle. Salgo un momento a comprar comida y vuelvo rápido. El lavabo sigue atascado por mis pelos pero no importa porque no tardarán mucho. Me llamarán. Pasan los dias y solo salgo  a ratitos, a comprar comida. No hablo con nadie. En la casa empieza a oler raro. Pero solo me doy cuenta cuando salgo y luego entro. Creo que pondré música.

Busqué entre los vinilos y encontré un antiquísimo disco con la portada anaranjada y el dibujo del planeta tierra deshaciendose y mostrando una calavera dentro. Creo que era un viejo disco de mi hermano, que lo mangó del club o algo así. Los City Boys. The day the earth caught fire. Si, este me gusta. Me pregunto si alguien más en el mundo lo conoce. Además de mi hermano y aquel a quien se lo robó, claro. Y es bueno. Lo es. A mí me gusta mucho.

Cuando mas tarde abrieron la puerta, los bomberos tuvieron que ponerse un pañuelo en la cara.

El piso estaba lleno de basura, Los bichos que no podían volar, reptaban. el baño tenía un olor nauseabundo a agua putrefacta. En la sala, el cuerpo de una mujer de 30 años, vestida con chandal azul servía de alimento a una nube de enormes moscas.

En el tocadiscos sonaba el tema: Someone told me it´s only the end of the world.
 




Un Rincón Tranquilo

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