El abuelo podía oler las medusas. Decía que dejaban un olor en el ambiente imposible de confundir. De niña me esforzaba por encontrar ese olor y olfateaba el mar antes de meterme al agua, como un sabueso despistado buscando presas en la orilla de la playa. Tal vez me mintió y solo disfrutaba viéndome hacer el ridículo. Creo que al abuelo no le gustaban los niños, nunca nos hacía regalos ni quería subirnos en sus piernas, como hacían los otros abuelos. Ni se me ocurría pedirle al viejo que me subiera en sus piernas. Yo le temía en secreto, puede que por eso me quisiera. Un poquito.
Dice la abuela que fue él quien me dio nombre. Me puso nombre de mar porque había nacido el mismo día que vinieron a buscar el viejo barco.
El abuelo era marino y nunca pudo ser otra cosa. Dicen que cuando estaba navegando, odiaba la mar por encima de todo, pero en cuanto ponía un pie en tierra firme la añoraba y no paraba de blasfemar en contra de la maldita costa.
El abuelo decía que jamás se podía meter un paraguas en el barco, porque daba mala suerte, y además… ¿para que valdría?. Y por ese motivo siempre que llovía salíamos vestidos con impermeable.
El abuelo pescaba con las manos y se burlaba de mí si se me escurrían los peces entre los dedos cuando me llevaba en la barca.
El abuelo una tediosa tarde de verano, me dijo que a veces, cuando estaban muy aburridos en alta mar, mataban delfines por diversión. Y entonces temí más aún a mi abuelo, pero aún así me atreví a preguntarle por qué lo hacían.
- No es para tanto, Itxaso. Solo son peces.
-Pero… los delfines… son… buenos… -dije sin poder encontrar otra razón
-A veces… uno ve lo fácil que es matar… y desea matar algo precisamente porque es bueno…
El abuelo se puso a mirar el horizonte sin decir ninguna palabra más. Yo también fijé la vista en el incierto horizonte esperando que aquella frase desapareciera de mi cabeza. Pero me di cuenta que no desaparecería.
El abuelo era un buen hombre, de eso no me cabía duda.
Lo que pasa, es que a los 70 años el corazón de un hombre encierra muchos secretos. Alguno siempre se escapa.


Las cosas que dicen