Archivos para Septiembre 2007

27
Sep
07

El oro de antaño

En su boca asomaban únicamente los 4 dientes de abajo. Pero lo realmente peculiar era que estaban recubiertos de varias capas de sarro que iban desde el color amarillo hasta el verde. Daba la sensación que aquella pestilente masa de porquería era lo único que los mantenía unidos. Alguna parte de mi mente pensó que con sólo tocarlos, se caerían. Pero en seguida luché por quitarme esa imagen de la cabeza.

La otra peculiaridad del viejo era que no se le entendía al hablar. Sus cuerdas vocales se esforzaban en emitir sonidos pero su boca no acertaba a vocalizarlos. Era como los muñecos de los ventrílocuos, que solo descuelgan la mandíbula de abajo. Sin “pes” ni “bes” era imposible captar lo que decía. Más aún porque mezclaba euskera y castellano. Reconocer alguna palabra era todo un logro.

Fue la primera vez que me tropecé con tan pintoresco personaje. Eran las fiestas de Arteta y puede decirse que todo el pueblo había salido a alternar aquella mañana de domingo.  El viejo se nos había acercado con un vaso de vino en la mano, y se había plantado en el medio del grupo, no dispuesto a quedarse solo.

- Ya está aquí Santi. Yo siempre lo recuerdo borracho.-me dijo Jaime, el carnicero- Siempre con la misma manga que lleva ahora. Ahí donde le ves, una vez, -explicó- encontró oro. Si, si, como lo oyes. Estaba podrido de dinero. Trabajaba en una mina, en alguna parte de Sudáfrica, y encontró una veta. Cuando volvió, se hizo dueño de medio pueblo. Compró por cuatro perras y se volvió un usurero, sangrando a todo aquel que se atrevía hacer negocios con el. Se hizo casas por todas partes, una de ellas, el palacio Urgoiti, que ahora es un hotel. Se portó como un auténtico hijoputa.

- Y ¿Que ocurrió?- pregunté incrédula mirando aquel viejo que seguramente llevaba varios días sin cambiarse de ropa y que apestaba a sudor y vino. Intenté imaginarmelo vestido de Armani pero mi imaginación no daba para tanto.

- Se lo quitaron todo, entre la familia y la mujer. La vieja historia, ya sabes, se casó con la mujer equivocada. Una chica preciosa, de Cuba, creo. Ella lo cubrió de besos justo el tiempo que duró el oro. Pero como sabes, las minas se agotan, y el dinero se funde en seguida. Fue incapaz de ver como su mujer se esnifaba toda su fortuna entre fiestas y viajes. Ahora no tiene ni una sola propiedad. Ni siquiera un solo amigo. Se pasa el día bebiendo.

Era curioso como hablábamos de él en sus mismas narices, igual que si no estuviera. Entonces, el viejo murmuró algo de dinero. Que él tenía mucho dinero, más que todos nosotros. Eso sí pude entenderlo. En cambio, todos fingieron no haberle oído. Y el viejo sacó lentamente de su bolsillo la cartilla de la caja de ahorros.

- Engo ihero.- masculló tendiéndonos la cartilla. Todos desviaron la mirada como si el viejo nos quisiera mostrar su ropa interior.

- De dinero no se habla.- dijo alguien mirando hacia otro lado.

Me sentía incapaz de dejar de mirarle, como si fuera una especie de espectadora ajena a todo. El viejo clavó sus ojos pequeños en los míos tendiéndome la cartilla mientras luchaba por meter aire en sus pulmones a través de su patética dentadura. Yo negué con la cabeza, sin saber/poder decir nada. Volvió a guardarla.

En silencio, el viejo comprendió que nadie allí cambiaría amistad por dinero. Se dio la vuelta, muy agarrado a su recia cachaba, y sin soltar su vaso de vino se marchó a alguna parte.

25
Sep
07

Comerse Albanta

Durante las tres horas en las que Morfeo se ha dignado en visitarme esta noche, he tenido un extraño sueño. Soñaba que la comida se podía leer o que los escritos se podían comer.

Albanta era una casa enclavada en un acantilado, con grandes ventanales al mar. En su interior, únicamente un gran salón, con sillones y sofás de todas clases dispuestos alrededor de una enorme y regia mesa sobre la que se servían los platos-relatos.

Yo tenía solo un pequeño filete de lomo, que me había quedado demasiado hecho y para adornarlo, se me ocurrió ponerle tiras de manzana asada.

Cuando llegué a Albanta, la mesa estaba cubierta de platos suculentos. Incluso alguien había traido un pavo. (seguramente, Kaki). También había platos de degustacion de pescado e incluso, algunos estaban crudos. Alguien había puesto un platano y un par de frutas sin pelar.

Después de leer todos los platos, nos los comimos entre todos, y mientras unos alababan al cocinero/escritor entre gemidos de placer, otros mascaban en silencio en alguna parte de los sofás.

Me desperté mascullando en voz alta que a mi no me gusta el dulce.

El reloj despertador, me dió los buenos días sonriendo malévolamente porque no le había dado por sonar y era media hora tarde. Y yo aún tenía en la boca el sabor ácido y dulzón de las manzanas asadas.

20
Sep
07

La puerta

Marina me lo había dejado muy claro. Nada de entrar en su habitación. Nunca. ¿Has entendido?.

Un ceño fruncido puede ser aviso suficiente para que un niño obedezca. Y yo tenía mucho miedo a ese ceño. Lo que no quiere decir que no me muriese de curiosidad por saber que pasaba dentro de la habitación de mi hermana.

Confieso que muchas veces, me acercaba de puntillas, y aplastaba mi oreja contra la puerta, tratando de adivinar a que venían tantos ruiditos. Y no entiendo como, pero por muy sigilosa que intentara ser, siempre acababa pillándome y tenía que salir pitando por el pasillo hasta ganar mi habitación antes de que mi hermana tuviera tiempo de asomarse.

Imaginaba toda clase de cosas hasta que un día ya no pude más. Aproveché que me iban a dejar sola para armarme de valor y cruzar la puerta prohibida. No tenía mucho tiempo, y tenía tanto miedo a que me descubriesen que tuve que ir al baño dos veces antes de decidirme. Me pareció que la manilla estaba muy dura y tuve que tirar con las dos manos, casi colgándome, antes de conseguir girarla. La puerta hacía un ruidito si la abrías del todo, así que solamente la entorné hasta dejarme el espacio justo para pasar. La persiana estaba echada y la poca luz que se colaba por las rendijas de la ventana pintaba de rayas la cama y una mesita de noche. Todo muy ordenado. Bueno, solo la radio, tal vez. La radio estaba de espaldas a la cama, sin la tapa de las pilas y con el altavoz justo apuntando a la pared. Por eso se oía tanto por las noches. – Pensé.

Tal vez es el momento de salir de aquí antes de que sea demasiado tarde, me recordaba mi yo sensato. Sin embargo, debo decir que nunca he hecho mucho caso de mi yo sensato, así que abrí el primer cajón de la mesita de noche sabiendo que iría al infierno o algo peor por todo aquello. Pañuelos y  ropa interior. El segundo cajón. Medias y calcetines. El tercero…

En el tercero había una especie de destornillador con el mango muy grande, unas extrañas fundas de plástico y un tubo que decía ser lubricante. Cerré el cajón despacio sin tocar nada.

Ahora tenía claro lo que ocurría, aunque no entendía bien por qué mi hermana pensaba que arreglar la radio por la noche tenía tanto misterio.

Al salir de la habitación, dejé la puerta abierta. Ya no tenía sentido cerrarla.

19
Sep
07

La puerta

No quiero cerrar la puerta. No me gusta el ruido que hace.

Me quedo sentada en el suelo, acurrucada contra la pared, procurando ocupar poco espacio, ser muy pequeñita. Desaparecer estaría bien. Desaparecer hasta que vuelvas.

Creo que me he estado engañando todo este tiempo, mientras pensaba que mi corazón no entendía de amor. Me gustaba pensar que era dura como una roca, me gustaba mostrarme fría e indiferente, reirme de quienes me suplicaban una mirada, una sonrisa… Dios mio, cuantas sonrisas habre abortado solo por parecer distante e inalcanzable…

Un dia de otoño, me diste la mano y sin darme cuenta, bajé de mi roca. me dejé besar y mi duro caparazón de hielo se derritió rápidamente, dejando un penoso charco en el suelo. Cada día, desde entonces, busco tu mano entre todas, y solo sonrio cuando la encuentro. Te busco y mendigo una sonrisa tuya, una palabra…

Y cada día te vas, sales por la puerta sin mirarme, sin ver si me quedo triste o si te echo de menos.

Y yo siempre dejo la puerta abierta. No me gusta el ruido que hace al cerrarse.

15
Sep
07

La duda

La escena

El tiempo se había detenido justo antes de que la mujer sirviese la cena. Eso le daba margen para pensar. En cada mano, un plato humeante.

La historia

Anita nunca fue una mujer bella. No era alta, ni esbelta, ni tenía ojos soñadores. Lo único que  recuerdo de ella era que siempre tenía una sonrisa pintada en la cara y se expresaba con palabras infantiles y sencillas. Seguramente, era todo lo que había aprendido.

A sus 30 años, todos la habían tachado ya de solterona cuando de pronto apareció Luisma. El loco de Luisma. En el pueblo dicen que Anita se hubiera agarrado a cualquiera que se lo propusiera, y que Luisma buscaba una mujer para la casa. Pero en el pueblo dicen muchas cosas.

El mismo día de su boda, al llegar a casa, Anita recibió su primer bofetón. Luisma había bebido bastante y la acusó de coquetear con todos vestida de novia “Que vergüenza“. Sus ojos inyectados en alcohol, su mente embotada y borrosa, cayó sobre ella rasgándole el vestido y buscando su sexo ansiosa y torpemente. La embistió hasta el fondo una y otra vez haciendo caso omiso de sus llantos, ruegos y gritos, para dejarla después envuelta en sangre y sollozos. Salió de casa murmurando que para acostarse con putas no se hubiera casado.

Dicen que lo que no mejora, empeora, y aquello fue solo el primer día. Anita aprendió a evitar a todo el mundo en el pueblo y ya apenas se la veía por la calle. Cuando estaba sola, subía al monte y le gustaba sentarse en una roca a divisarlo todo desde arriba, como si ella no formara parte del mundo. Cada día se hacía la promesa de no volver, y cada anochecer, el aire fresco le recordaba que tenía que llegar antes que él a casa porque si no, se ponía como una fiera, “y tú no quieres eso, ¿verdad?”.

Aquella tarde de otoño, la vi pasar con una cesta. Me saludó con su eterna sonrisa infantil y me dijo que iba a por setas. Seguramente nadie en el pueblo conoce las setas mejor que ella, y son famosos sus revueltos de hongos. Coger hongos es menos peligroso que coger setas. Hay muchas setas venenosas, pero los hongos, casi todos son buenos.

Casi.

Solo hay uno, el Satán, un hongo que se diferencia de los demás por su cabeza roja, y que ocasiona vómitos, úlceras de estómago, ceguera, espasmos y después, la muerte. Todo eso en unos minutos.

Cuando aquella tarde Anita encontró el Satán en el bosque de pronto se sintió muy cansada. Mucho. Lo cortó despacio y en lugar de tirarlo, lo puso con mucho cuidado en la cesta, igual que  hubiera hecho la bruja de Blancanieves con su manzana envenenada. Al llegar a casa, se apresuró a separarlos y cortarlos. Cuando los había cocinado, llegó Luisma dando un portazo y bramando por su cena. Apestaba a alcohol. En la cocina, Anita esperaba a repartir la cena con un plato humeante en cada mano.

La duda

¿Él o yo?

06
Sep
07

Antes de volar, bébase toda el agua

Pues aquí estoy, en el aeropuerto, de vuelta a casa tras las vacaciones de verano con maletas, bolso y familia a cuestas. La cola del control de seguridad es moderada y me despojo de mis escasas pertenencias metálicas, reloj, (no llevo) movil (eso si), collares pulseras… (no, no) cinturón (tampoco) monedas y llaves. Todo en una bandejita, como si fuera una ofrenda a algún dios morboso. También dejo el bolso. Temo por los bocadillos, no sea que no se pueda pasar comida como ocurre en los parques temáticos. Y paso por el arco de seguridad, como siempre, muy rápidamente, por si acaso el aparato ese emite rayos peligrosos o te ven desnuda o algo peor. No pita. Mira que bien.

Entonces el guardia que vigila los monitores me señala alarmado y grita.

-Una botella de agua. Ese bolso lleva agua.

Estoy a punto de tirarme al suelo por si acaso explota. Pero no. Un agente se me acerca presto y me coge el bolso con gesto “te hemos pillado, malandrina”.

-¿lleva usted agua?

Y yo, me avergüenzo y digo.

-Si

-¿Tiene usted hijos?

Me pregunto si tiene ganas de ligar o algo. Sorprendida le contesto.

-Si, esa.

El guardia echa un ojo.

-¿cuantos años tiene?

-8

-Ya es muy grande. Esa aguanta.

¿Aguanta? -pienso- ¿los niños de 8 años no beben? ¿Y si tiene 7? ¿con cuanto dejan de aguantar?

-Lo siento, señora , pero si quiere puede salir fuera a beberse el agua.

Pienso que ese señor funcionario esta loco. ¿Salir a beberme el agua y aguantar de nuevo la cola?.

-No, no, es igual, deje, la puedo dejar aquí, ¿no?

El hombre parece gozar tirando la botella de medio litro al contenedor.

Así que claro, una vez dentro, me paso por una tienda a reponer el agua, que comerse los bocatas a palo seco, no tiene mucha gracia. Y del bolso saco un monedero que, me parece, abulta mas de lo normal. Lo abro. ¡Coño!. ¡La navaja!. Mira tu por donde, no la encontraba por ninguna parte. Aquí estaba. Claro, no debe ser tan peligrosa como el agua, pienso. Imagino que si llevas una botella de litro y medio podrias pasar no se… hasta un fusil de arpón.

Olé los controles de seguridad.

06
Sep
07

La letra

Begoña. – (Decía el garrapateado papel).-  Te mando estas letras porque siempre has sido una buena vecina, y ahora quiero agradecerte todos tus… ¿tunoes?… ¿qué pone aquí?

-Favores, creo, sigue leyendo

…todos tus favores. Como sabes ¿Furando?… Ah, no, Fernando, claro, el marido, si, Fernando era escritor y murió dejándome una gran fortuna. Quiero repartir esa fortuna entre todos los que habéis sido buenos conmigo. Como todo lo que tengo se lo debo a las letras, letras es lo que os voy a repartir. No pierdas éste papel. Detrás hay una letra. Cuando sea el momento, ve al notario y el te dirá lo que hay que hacer. Un sincero abrazo. Adela.  ¿Esto… es legal?

-Es lo que intento saber. Ya sabes que la Adela siempre ha estado algo loca, no se que pensar de esto. Pero como sabes, no tienen hijos, ni que yo sepa, tienen parientes cercanos. Imagino que podrá repartir la herencia como quiera, ¿no?.

Hace ya mas de 10 años que recibimos ese papel escrito a mano con la terrible letra de Adela. Detrás había una letra en grande. Una M. Y ya no decía nada más. Nos pareció una extravagancia pero Adela era así. Nunca presté demasiada atención a los libros escritos por Fernando, pero tenía cierto renombre en algunos sectores, así que asumo que debía ser bueno. Tampoco es que me guste mucho leer, todo sea dicho. Hace ya  mas de 10 años, digo, que recibimos esa carta y es hoy cuando ha aparecido en el periódico la fatídica esquela de Adela. Ha sido imposible no verla, ocupaba media página, con una enorme foto suya en color. No sabía que podían hacerse esquelas en color. Por lo visto, Adela si. Pero perdona, me estoy desviando del tema.

Así que Adela ha muerto y lo primero que he recordado ha sido esa nota. Me alegro infinitamente no haberla tirado, y voy a buscarla. Aquí está. Bien. Y ahora… ¿a qué notario?

Tras unas indagaciones pesadas y que no merece la pena reproducir aquí, llego al despacho de la notaría, con cara escéptica, mostrando mi certificado de testamento “letra M”.

El notario coge el papel y tras identificarme con el carnet y hacer unas comprobaciones en un ordenador,  me hace pasar a una habitación. Encuentro cientos de muebles, cachivaches y hasta un gato. También hay un hombre vestido de negro que debe ser el albacea y algún vecino que deambula curioseando. Le conozco de vista y le saludo fugazmente levantando la cabeza.

-La fortuna de la Señora Bernarda Adela Guimón de Salvatierra, se halla en esta habitación. Cada lote está asignado con una letra. De ésta manera, se cumple la póstuma voluntad del difunto D. Fernando Salvatierra dejando  que las letras que le guiaron en vida administren su muerte. ¿Cual es su letra?

Desde luego, Fernando no podía haber sido más original. Y empezaba a caerme bien, tantos años después. Un juego estupendo, Fernando, enhorabuena allá donde estés. – pienso mirándolo todo.

Sin embargo, antes de darle mi letra, le pregunto si puedo conocer la composición de algunos lotes. Me explica que la “A” son los libros que escribió en su primera juventud, la “B” un cuadro adquirido en una subasta de arte de Londres, la “C” es un calentador de cama… Temo morir de aburrimiento hasta que llegue la “M”, que resultó ser… el gato. Entonces, doy la vuelta al papel y me lo juego todo.

-La mía es la W.

- ¡Ah!… el albacea pasa las hojas hasta llegar a mi letra.

-W. Máquina de escribir.

Esta es mi primera máquina de escribir y este es mi primer escrito. Creo que también empezaré a leer. Tal vez comience por las Obras Completas de Salvatierra… ésta noche brindaré con algún vino por Fernando, La Adela y su gato, comoquiera que se llame. Y por la W.

01
Sep
07

Visto y oído

-¿Le molesta que fume?

- Sí… un poco.

- Pues entonces me fumo solo medio.

(Misterioso asesinato en Manhattan. Woody Allen)




Un Rincón Tranquilo

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