Archivos para Diciembre 2007

27
Dic
07

El cine

Aquí es.

En esta calle es donde estaba el Gran Cine Coliseo Royal. Y ya es casi la hora. 

Recuerdo que cada semana acudíamos en tropel cargados con un montón de bolsas de pipas y regalices y hacíamos cola para la sesión de las cuatro de la tarde. En invierno no había mucho mas que hacer los fines de semana y allí crecimos viendo pelis de vaqueros, de Abbott y Costello, los Hermanos Marx, ¡y las pelis de guerra! ¡Esas las mejores! …. nos encantaba ver explotar cosas.  Trasladabamos luego el tiroteo al patio de butacas y hacíamos auténticas batallas de gominolas y chucherias. Luego nos escondíamos en los lavabos a esperar a la siguiente sesión y así pasabamos las tardes.

Después vinieron las pelis de terror, y con ellas, las chicas. Una peli de miedo es la mejor excusa de meter mano a una chica. En una de esas tardes conocí a Carmen.

Carmen.

Era la nueva y nadie quería sentarse a su lado. Sus gafas y el aparato de los dientes eran revulsivo suficiente para que ningún chico quisiera verse acompañado de ella. Además, su madre se empeñaba en ponerle un montón de lazos en el pelo lo cual le daba un aspecto bastante poco atractivo. Y claro, Carmen me tocó a mí en la rifa. Pero no me importaba. Al fin y al cabo, yo iba a lo que iba y el cine estaba oscuro, ¿a quién le importaba la cara? lo que importaba era conseguir rozarle la pierna, a ver hasta donde se podía subir la mano.

Ya en la oscuridad de las butacas quise abordarla del mismo modo que los demás lo hacían con sus parejas y entonces ella con una voz extremadamente dulce, me dijo:

¿Me vas a contar la pelicula?

¿Qué?

No veo bien, ni siquiera con gafas continuóésta es la primera vez que vengo al cine sola. Mi madre no me dejaba venir, decía que los chicos sólo quieren propasarse con chicas como yo. Pero le dije que no, que no todos eran así. Y tenía yo razón. ¿verdad?

¡Menuda suerte la mía! ¡Encima cegata! Recuerdo al resto de la cuadrilla que se moría de risa señalándome y diciendo toda clase de burradas. Sentí vergüenza ajena y me entretuve toda la película contandosela en voz baja. Abandoné mis pretendidos intentos de conquistar su entrepierna y en su lugar sin quererlo, conquisté su corazón.

Desde entonces, cada semana quedábamos a las puertas del cine a primera sesión. Le cogí el gusto a hacer de intérprete, y me enloquecía aquella dulcísima voz. Ante nuestros ojos desfilaron toda clase de heroes y bellacos. Incluido Rambo al cual no se bien donde encasillar. Y Van Dame. Y aprendimos más despacio a deslizar nuestras manos, y despues nuestras lenguas. Y aprendí a narrar todo aquello que veía para ella, convirtiendome en sus ojos. Y aprendí a peinarla con mis dedos, deshaciendo miles de lazos y bañandome en su precioso cabello rojo. Antes de darme cuenta, la necesitaba yo a ella mucho más que ella a mí. Sin esforzarme mucho recuerdo la emoción al verla haciendo cola a las puertas del cine.

Carmen.

Pero el tiempo tiene sus propios caprichos al tejerse y un año tuvimos que marcharnos de la ciudad. Mi padre encontró trabajo en Madrid donde nos quedamos a terminar de crecer y a ver germinar nuestros últimos granos en la frente. Nunca imaginé echar tanto mi antigua ciudad. Al viejo cine. A Carmen.

Ya casi es la hora. Han tenido que pasar 20 años para volver a cruzar esta calle. Para mi desilusión, hoy el Gran Cine Coliseo Royal es un hotel. Se reconoce la fachada, pero no hay ningún otro rastro familiar. Y sin embargo aquí estoy. Haciendo cola a sus mismísimas puertas al filo de las cuatro de la tarde, hora de la primera sesión. Esperando. 

Es ridículo pensar en milagros. En magia. En romanticismos estúpidos. Ella no puede acordarse de nuestra cita 20 años después. Ya no existe la magia, ni el cine Coliseo, y las pelis ahora se bajan por internet. Y en cambio ocurrió. De algún modo. Aquel domingo, como si el tiempo se hubiera detenido a las puertas del antiguo cine, una dulcísima voz hizo que se me erizase el vello mientras me susurraba al oído unas bellas palabras casi mágicas.

¿Me vas a contar la película?

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25
Dic
07

Toda la belleza

Nunca se pone el sol en la Ciudad de la Basura, ni siquiera cuando es de noche. Miles de seres viven allí aunque nunca se ve a nadie. Comen, duermen, aman y bostezan, aburriéndose mortalmente.

Al principio huele mal, tanto que parece insoportable. Dan ganas de correr, de huir, de protestar contra el ayuntamiento, contra el gobierno, contra el mundo. No debería existir un sitio tan apestoso. Pero uno se acostumbra.

Dicen que a todo se acostumbra uno. Yo no soy quién para desmentir tal afirmación.

Nadie estorba en la ciudad de la basura. Todo es bello allí. El mero hecho de existir lo hace bello. Lo malo es que apenas nadie se da cuenta, porque pronto, una nueva capa de basura cubre la anterior y la aplasta. La belleza aplastada también es belleza, y seguramente, es más bello aún.

La ciudad de la basura se erige sobre toneladas de belleza aplastadas, aplastandose cada vez más.

Nadie sale nunca de la ciudad de la basura.

Porque de hacerlo, no volverían jamás.

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19
Dic
07

La increible historia de una mujer menguante

Lo descubrió un día cualquiera, casi sin querer, mirándose al espejo.
Ocupaba demasiado espacio.
Si, si, fíjate. Mira mis brazos… ¿y las piernas? pero ¡que barbaridad!… y el cuerpo. Si, todo el cuerpo ocupa demasiado.
Tengo que reducirme pensó mientras se estiraba de la piel de la cara.
De modo que se puso manos a la obra.

Comenzó a adelgazar.

Primero, se le redujo el pecho, al menos 2 tallas. Luego la tripa, la cintura, las caderas… si, ya estaba mejor.
Pero no era suficiente.
Aún ocupo demasiado, mira. Incluso de perfil. Se nota mucho. Debería estar así -dijo mientras contenia la respiración metiendo estomago. El estómago se le incrustaba bajo las costillas-.Si, así estaría bien.

Y siguió en su propósito.
Apenas si bebía un zumo al dia, y se pasaba los días caminando.
Pero no sentía hambre.
Cada vez que se miraba en el espejo, venía la desilusión. No conseguía reducirse lo suficiente.
Tendría que ser la mitad. Mira, así. insistían sus pensamientos mientras se miraba solo media parte de su cuerpo en el espejo. Así, tengo que estar así.
Y lo siguió intentando.
Hasta que un día cualquiera consiguió ver como los huesos se marcaban en la piel.
Ese es el problema pensó. Mis huesos ocupan mucho. ¿Por qué tendré unos huesos tan grandes? ¿Y cómo rebajarlos?
No podía dar con la forma, y se pasaba los días mirándose al espejo por si de un momento a otro, ocurriera algo.
Y ocurrió.

Murió frente al espejo, encogida, acurrucada en sí misma todo lo que sus huesos daban de si.
Si, esto está mejor. pensó desde su muerte Ahora me ayudarán a ocupar menos espacio. Esperó pacientemente que vinieran a recogerla para la incineración. Tarde o temprano ocurriría, alguien la echaría de menos.

¿Verdad?

Ocurrió un día cualquiera, uno como cualquier otro, ya que los días de su muerte eran muy parecidos a los de su vida. Todos eran iguales. Que el calendario marcase el día 24 del mes de Diciembre no tenía ninguna importancia. Un bomberó empujó la puerta hasta derribarla. Los vecinos se habían quejado del mal olor que salía de la casa, como si se hubiera muerto un gato o algo así. A ella no le importaba que la comparasen con un gato, siempre que el gato fuese esbelto. El bombero se acercó a ella tapándose la boca con una máscara. La cogió sin esfuerzo y la metió dentro de una de esas bolsas negras. Ella no podía estar más emocionada. ¡Lo iba a conseguir!

Cuando todo hubo terminado, descubrió con disgusto que sus cenizas ocupaban más que las del resto de los muertos. Mucho más. Incluso la metieron en el tarro más grande que había.
Un día cualquiera  la regresaron a su casa y la colocaron justo ahi, en frente de su espejo. Donde se quedó eternamente, mirando aquel enorme tarro.

Y pensando que cualquier día tendría que hacer algo para hacer que el tarro fuera más pequeño.

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11
Dic
07

El ladrón de sueños

Soñaba con olas la primera vez que le ví.

No era una playa, ni un acantilado. Creo que estaba en el medio del mar, pero sin ahogarme. Como si fuera un pájaro. Las olas eran enormes y el viento jugaba a despeinarlas haciendo volar la espuma por todas partes. Y entonces apareció.

No pude verle, no se dejaba, pero hablaba y su voz era suave. No pretendía despertarme, sólo robarme los sueños. Todo, el mar, la espuma, las olas, todo desapareció y el me besó antes de desaparecer con mi sueño. Yo seguí durmiendo sin nada a mi alrededor. Salvo su voz.

Debí gustarle porque la noche siguiente volvió a aparecer. Esta vez soñaba que volaba. Era tan fácil volar que me sorprendía no poder hacerlo en mi vida normal. Y apareció él.

Esta vez pude verle la cara. Me pregunté si era alguna clase de demonio pero me sorprendió una vez más su delicadeza. Esperaba su voz y seguí mirandole. Provocándole con mis sueños. Sonrió mientras comenzó a hablar. Me gustaba su voz. Mucho. Ví como todo mi sueño desaparecía a mi alrededor y me quedé envuelta en el recuerdo de su voz.

Me robaba los sueños y a mí no me importaba. Me sorprendí soñando sólamente para que apareciese a robarme. A veces, tardaba y mi imaginacion se desbordaba en delirios absurdos tratando de llamarle.

Hasta que aparecía de la nada, con su sonrisa de diablo fugado de algún infierno de pago. A veces le gustaba torturarme y se quedaba rato sin hablar. Yo me retorcía en sueños y el se divertía viendome bailar para él. Luego susurraba y me besaba muy despacito.

Ahora temo soñar con el ladrón de sueños. Temo que alguien me robe este sueño también.

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08
Dic
07

La última vez

Era una piscina azul, bajo un cielo gris, muy pronto por la mañana. Muy azul. Muy pronto. Muy gris. Las dos niñas estábamos de pie cogidas de la mano sólo mirando la piscina. Sólo mirando.

Ahora mismo no recuerdo si fue un sueño o si pasó de verdad. Las imágenes de mis deseos se mezclan con las reales y he reescrito tantas veces esa escena en mi cabeza que empiezo a dudar de que ocurriese.

Ella era mi mejor amiga. Mi amiga del alma, mi amiga inseparable. Hubiera deseado que fuéramos hermanas y así lo fingíamos en nuestros juegos. Era la pieza perfecta que completaba mi mundo, cómplice de mis risas y compañera de mis sonrisas. Todo era tan perfecto que no me di cuenta que aquello no podía durar.

-Vamos niñas, meteos en la piscina. ¿No habéis venido para eso? Meteos antes de que se ponga a llover.

El cielo era muy gris. Y la piscina tan azul. Tan perfecta, sin una sola ola en la superficie… Deseábamos meternos, romper esa tranquilidad con nuestros chapoteos, ser las primeras en agitar el agua, bucear en aquel infinito océano azul. Pero teníamos miedo.

-Nos vamos a ir.- fueron sus palabras un incomprensible día.

-¿Ir?¿A dónde?

-A vivir fuera. A otro sitio.

Mi pequeña mente era incapaz de comprender esas palabras.

-¿A vivir a otro sitio? ¿pero por qué?

-Es por mi padre. Ya sabes.

No, yo no sabía.

-¿Que le pasa a tu padre?

-Ya sabes… no podemos vivir aquí. Es que, maja, -aún recuerdo el tono de su voz infantil- le han puesto algo en el coche y no ha explotado pero podía haberlo hecho. Y no podemos seguir aquí.

Ah. Eso.

Esa maldita realidad que me rodea. Esa ridícula, insoportable, irracional, monstruosa, aberrante, dolorosa realidad que rodeaba mi mundo había decidido asomarse a mi vida también. Y no podía dar ninguna contestación a eso. No podía.

Ella rompió el silencio sin dejar de mirar el azul del agua

-Volveremos cuando todo termine.

Y seguíamos cogidas de la mano en el mismo borde del agua, sin animarnos a hacer nada mas que mirar adelante.

-Y …¿cuando os marcháis?

-La semana que viene.

-Pero, pero…- No había respuesta, no había nada que yo pudiera hacer-. Apenas nos queda tiempo. Y ¿no volveremos a vernos más?

Algún mayor, se apiadó de nuestra amistad y decidió regalarnos nuestro último día. Nos subió en el coche y fuimos a la piscina del parque de atracciones muy pronto por la mañana. Llegamos antes incluso de que abrieran las puertas. No había nadie más. Debía ser verano porque de otro modo, no hubiera estado abierta la piscina. Pero no podía haber amanecido más nublado. Daba igual, porque no teníamos más días. Era nuestro úlitmo baño en aquella piscina a la que tantas veces habíamos ido cuando pensábamos que el tiempo era infinito y el mundo amable.

-¿Y si no termina?- pregunté con tanto miedo y dolor que no pude contener las lágrimas.

Ella también se puso a llorar y de pronto, saltamos al agua. Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo. Como si el agua de la piscina pudiera lavar nuestras lágrimas. Nuestra pena. Todas las penas del mundo. Estaba fría, muy fría, pero creo que no nos importaba. El agua se agitó en miles de ondas y entonces se puso a llover. Lágrimas, lluvia y agua nos mojaba y no importaba nada. Llovía y llorábamos. Llorábamos y llovía.

No me acuerdo de mucho más. Aquella fue la última vez que jugamos. La última vez que nos vimos. Nos despedimos sin decirnos adiós porque esperábamos vernos de nuevo cuando todo hubiera terminado.

Pero no se termina nunca.

02
Dic
07

Historia roja

La última vez que la ví fue esta mañana. Iba con la capucha roja, esa que le regalaron en su último cumpleaños, y que le queda ridículamente corta. Creo que precisamente por eso le gusta.

Hoy es jueves, y los jueves mi marido ni se asoma por casa. Así que cuando esta mañana aparecío el guardabosques con la típica excusa de desayunar,  como suele hacer los jueves, ni me lo pensé y mandé a la niña a casa de la abuela. ¿cómo saber que iba a montarse semejante lío?

Para que no hiciera preguntas, le llené una cesta con cuatro tonterías y una botella de whisky. Tu sabes lo que le gusta a mi suegra el whisky. Además, si le mando la niña sin nada con lo que calentarse, luego a ver quien la aguanta. Pero me estoy desviando. El guarda tenía un pecho-lobo que a mí me volvía loca, sinceramente. Y creo que lo sabía porque siempre aparecía con los primeros botones desabrochados. Y este es el único lobo que frecuenta el bosque y todo el pueblo, me atrevería a decir. No se han visto lobos desde tiempos de mi abuelo. Y de eso hace ya años.

De modo que todas esas historias acerca de que la niña estuvo hablando con un lobo de camino y que le quitó la cesta no son mas que bobadas. ¡Buena es la niña inventando historias! ¡Anda que no se inventa cuentos! Lo que pasa es que le pesaría la cesta y se la dejaría por el camino.

Lo que ya no podía imaginar era que la abuela también tenía planes y se había llevado a un amigo a casa. El bosque está lleno de leñadores.

Mira, no quiero ni pensar en las costumbres de mi suegra, se que siempre fué de cuidado. Se vé que le gustan los disfraces, pero si te digo la verdad, prefiero no hacer preguntas. Así que cuando la niña entró en casa y se acercó a la cama, tomó al leñador por la abuela. ¡Con la abuela! ¡A un tio con toda la barba vestido con ropa interior de mujer! Lo mismo se había pegado un par de tragos por el camino.

Y claro, el hombre intentó disimular, pero lo que no se puede, no se puede, y acabó montandose un lío tremendo. La abuela dentro del armario, esperando a que se marchara la niña, el leñador, tratando de dar explicaciones a ver si la cría se marchaba. Y mi hija axfisiandole a preguntas. ¿Y por qué tienes ésto? ¿Y por qué tienes aquello?. Así que no se le ocurrió nada mejor al leñador que decir que era un lobo a ver si así se callaba. La niña, histérica se puso a gritar y claro, con la escandalera, vino el primer cazador que pasó por allí. Que por cierto, se lió a tiros porque también se ve que frecuentaba la casa de la abuelita y no le gustaba la competencia.

En fin, que esa fue la última vez que ví a la niña. desde entonces no ha aparecido por casa. Pero después del lío que se ha montado, ya no la mando más a hacer recados.  




Un Rincón Tranquilo

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