
-¡Jorge!
Jorge se dio la vuelta, para notar una sacudida de adrenalina que recorrió su cuerpo con una dolorosa punzada que iba desde sus globos oculares hasta la punta de sus dedos.
Una pistola le encañonaba a menos de un metro de distancia. Jorge no podía ver quién empuñaba el arma, pero no podía ser otra que Laura. Era su voz.
¿Así que ésto era el final? ¿Así se acababa todo? ¿Cuándo comenzó a enredarse su vida?
Jorge tuvo tiempo de recordarlo. Tiene gracia pero todo empezó hacía un año, justo cuando se tropezó con Laura en el bar. Y lo curioso es que fue ella quien le salvó la vida aquel día.
Jorge, entonces no era Jorge. Sólo Elías. Un estresado, fracasado, abandonado y mediocre contable que había sido testigo del declive patético de su vida. Su mala gestión hizo quebrar la empresa, de la que le habían despedido hacía ya tres meses. Tenía pleitos pendientes con hacienda, con su patrón y con su mujer, que también decidió marcharse en busca de otros brazos menos torpes que los suyos. Arruinado y perseguido, Elías decidió aquel sábado noche terminar con su penosa existencia tirándose por el puente más alto que pudo encontrar. Estaba tomando las fuerzas suficientes del fondo de los vasos cuadrados de whisky en la barra del bar y ya había elegido lugar y hora. Sólo que entonces, apareció Laura, con su cigarro en la boca, su mirada castigadora y sus piernas largas, larguísimas, asomando por debajo de una falda muy, muy corta.
Elías decidió que después de todo, no hacía falta saltar por un puente para terminar con su vida, así que decidió comenzar la historia de Jorge. Y resultó que Laura le creyó. Y se lo llevó a su cama, le metió en su vida y le alimentó con su dinero. Jorge resultó ser un casanova encantador, y un embaucador de exito. Le sorprendió comprobar como la mentira funcionaba mucho mejor que la verdad. A medida que le iba creciendo la barba y se iba alejando del viejo Elías, el nuevo y mejorado Jorge veía engrosar su cuenta en el banco y su lista de amantes.
Laura cayó en las redes de un aprendiz de farsante que realmente sabía como imaginarselo todo. Y presa del encanto que tienen todas las cosas malas, Laura se enamoró.
Se enamoró hasta el tuétano, hasta la neura. Hasta que no pudo soportarlo más.
Lo más irónico de todo, es que Jorge jamás le había engañado a Laura. El siempre se lo contaba todo. Lo que pasa es que Laura no podía soportar la vida de Jorge.
Ella hubiera preferido la de Elías.
-Laura, cariño…
El disparo sonó mucho antes de que Jorge pudiera explicarse.
Laura no quería escuchar más explicaciones, después de todo.











Las cosas que dicen