Archivos para Junio 2008

18
Jun
08

Ojos de sapo

Hubo una vez que estuve saliendo con alguien de otro planeta. No recuerdo el nombre. (el del planeta, el de él, sí lo recuerdo, pero poco importa). Y lo sé porque siempre llevaba puesto  un abrigo negro, muy largo, de día o de noche. Decía que era para que no le diera el sol, o el aire… tampoco me acuerdo de eso.

Pero el caso es que era de otro planeta.

No era malo en la cama y siempre es una novedad tener una experiencia extraterrestre.

Sí. Lo recuerdo.

Recuerdo que solía llevarme de la mano por sitios que él conocía, y terminábamos siempre en algún bar perdido de una no menos perdida ciudad. O pueblo. Da igual.

Y recuerdo también aquel día, cuando conocí a tanta gente. Todos parecían ser más jóvenes de la edad que decían tener. Bromeaban y se daban palmadas en la espalda, hablando acerca de su longeva vida. Todos menos uno, que era muy gordo y grande. No tenía cuello y tenía ojos de sapo. Azules. Y solo hablaba de muerte. Hablaba y hablaba y cuando parecía que las lágrimas acudían a sus ojos, entonces tosía y reía torpemente. Y luego, volvía a hablar de muerte.

Yo podía entender las palabras. Comprendía el idioma, seguía la conversación.

Pero aunque a veces, abría la boca para intervenir, me era imposible decir nada.

Nada.

Entonces, me dí cuenta.

Era yo la que estaba en otro planeta.

Y ahora, tenía que buscar la forma de regresar.

11
Jun
08

Hablando de placeres.

-No. No merece la pena.

-¿Qué no merece la pena?

-Las mujeres sobreestiman demasiado sus orgasmos. -dijo la tía mientras rellenaba su taza de té. Con ginebra. -Se vuelven locas buscandolos. Créeme, la mitad de los manicomios están llenos de mujeres que no han sabido controlar su deseo.

-Pero tía, ¿qué estás diciendo?

-Digo que las mujeres no tendrían que obsesionarse tanto con eso. No merece la pena. Me estaba acordando ahora de… Ángela, una amiga. Una vieja amiga.- Mientras hablaba con la taza en sus manos, la tía Mari parecía envejecer ante mis ojos. Me encantaba cuando hacía eso. Pequeñas arrugas surcaban sus ojos hasta contraer su cara. Siguió hablando.- Se pasó la vida buscando un orgasmo. No el orgasmo perfecto, fíjate bien lo que te digo. Tan solo un orgasmo cualquiera.

Lo intentó de mil maneras, con toda la información (que entonces, era bastante escasa, eso sí) y toda la imaginación de la que era posible. Pero sin resultado. Hasta que se echó novio, pensando que tal vez, las caricias de un hombre consiguieran despertar lo que sus manos no podían. Por lo visto, las caricias no eran suficientes, y claro, fueron profundizando en sus experiencias. En aquellos tiempos, no era fácil conseguir preservativos. ¡Ni en la farmacia! Estaban prohibidos, prohibidísimos. De modo que había que practicar la marcha atrás.

Ángela pensaba que por éste motivo, no podía llegar a su ansiado bautismo de placer. Así que una tarde, entre los biombos de una tienda de abrigos y chaquetas forradas de borrego, le dejó llegar hasta el final.

-¿Y?

-Nada. No consiguió su orgasmo. A cambio, nueve meses después vino al mundo su primera hija. Y por supuesto, tuvo que casarse. Como sabes, cuando uno se casa por la Iglesia, lo que antes estaba prohibido, luego es obligatorio. Y a nadie le gusta hacer algo por obligación. De modo que la pobre Ángela siguió sin alcanzar su parcela de éxtasis entre los brazos de su marido. Entonces pensó que tal vez, él fuera demasiado torpe, o ansioso. Y pensó en echarse un amante. Lo intentó con el panadero, el carnicero y el vendedor de prensa. También lo intentó con una profesora de piano de dedos virtuosos.

-¿Y?

-Nada. Que lo que consiguió fueron cuatro hijos, un marido, tres amantes y una infección crónica por candidiasis vaginal.

La tía tomó un sorbo de ginebra haciendo mucho ruido. Después volvió a rejuvenecer.

-Lo que te digo. No merece la pena.

10
Jun
08

Las historias excéntricas y esdrújulas de la tía Mari

Tres son las cosas fuera de lo común que puede hacer la tía Mari.

Engordar o adelgazar a voluntad más de 30 veces su peso.

Envejecer o rejuvenecer según le convenga.

Adelantar o retrasar el tiempo.

Dice que puede hacer todo eso debido a una antigua maldición que cayó sobre ella en algún momento de su vida, después de haberse bebido de una sentada más de 15 litros de vino. O de algún otro brebaje.

Por supuesto, con esta afirmación se ganó el sambenito de “loca de remate”, y no es bien considerada en la familia.

La tía Mari no suele asistir a eventos familiares. Nunca hace regalos ni sale de casa, y nadie la echa de menos.

Es imposible saber qué edad tiene. Eso es debido a sus bruscos cambios de apariencia. Lo mismo se vuelve una venerable anciana, sentada en una silla esperando la muerte sin remisión, que aparece jovial y alegre, vestida de jovencita y con una pícara sonrisa en la cara. Sus recuerdos se hunden en lo más remoto de la memoria, y es todo un archivo de acontecidos. Lo malo es que todo lo interpreta a su modo y es frecuente no entender nada de lo que dice.

La tía nunca ha estado casada, o eso cuenta. Vive sola en una espantosamente vieja casa, con muebles igualmente viejos y espantosos, que harían las delicias de cualquier anticuario.

Seguramente, todos tienen razón y mi tía no es mas que una vieja loca a la que es mejor no acercarse.

Precisamente por eso, me gusta.

Para no aparecer con las manos vacías, le llevo una botella de ginebra, de las baratas, (que son las que más le gustan), un bombín de caballero de segunda mano y un juego de tazas de té lleno de dibujos modernos.

Pero no sé si querrá abrirme la puerta. Tal vez tenga que sentarme en los peldaños de la entrada, a esperar. Si espero lo suficiente, y ella está de buen humor, me abrirá la puerta.

Puede que todos tengan razón, y yo también esté un poco loca.

Pero creo que merece la pena, por escuchar sus historias.

09
Jun
08

La lavandería

Hay una lavandería que dice ser capaz

de arrastrar la oscuridad a base de chorros de agua

Y llevarsela lejos, a algún sumidero posible

(O imposible, que tanto da).

Te sirven, mientras esperas

cocacola mezclada con posos de café

aprovechando la sobredosis de cafeína para lavar el cerebro

y escurrirlo de viejas sensaciones adormecedoras

que te mantienen prisionero dentro de alguna parte.

Después te dan una factura impresa en papel térmico, de ese que se volatiliza con el calor.

Y la he guardado con cuidado, en el bolsillo de atrás, antes de salir.

Ahora ando de puntillas, por no pisar los charcos de mí

que han quedado manchando los pedazos del suelo

que van a parar a mi casa.

06
Jun
08

El espacio en blanco

-Hoy no tengo nada para tí.

Dice el patrón al inmigrante que busca trabajo. Y el inmigrante insiste un poco. Y luego se da la vuelta, y busca en otro sitio.

-Hoy no tengo nada para tí.

Dice el cartero al enamorado que aguarda noticias de su amada. Y el enamorado suspira, y se lamenta, y sigue esperando.

-Hoy no tengo nada para tí.

Dice la mujer al mendigo que le pide como cada día a las puertas del supermercado. Y el mendigo, indiferente, sigue agitando débilmente una lata haciendo sonar un par de monedas desganadas.

-Hoy no tengo nada para tí.

Dice mi mente cuando voy a pedirle algún esfuerzo que alivie mi tristeza.

Me pregunto entonces, si es que no tengo nada, por qué me empeño en no dejar éste espacio en blanco.

05
Jun
08

La partida de cartas

 

Cuatro hombres sentados a una mesa, juegan a las cartas.

Es la última partida, uno de ellos va a ganar.

Pero después, va a morir.

Lanzan el rey de espadas. El hombre que va a ganar sonríe. Lanza su caballo de espadas.

Gana.

Ya no sonríe.

Muere.

Otro hombre ocupa su lugar.

Siempre hay alguien que te sustituya.

 




Un Rincón Tranquilo

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