He estado dormida tanto tiempo que pensé que me había muerto.
No es un sitio malo, la muerte. Es sólo que no importa nada, uno ve, uno puede ver, pero no siente. No encuentra la forma de escribir lo que siente, eso es lo que quiero decir.
Uno vive pero está muerto. Porque ninguna palabra acude a tu cabeza. Ningún pensamiento te reconforta, nada te divierte, no hay un recuerdo que mantenga tu sonrisa mientras caminas solo por la calle. Solamente vives.
Vives y haces tus cosas de forma ordenada, y te concentras en hacer tus cosas de forma ordenada. Pero sólo vives.
Eso me pasaba y de pronto, tú.
Tú.
Enredas palabras y las pasas por mi cuello, por mi espalda y haces cosquillas tras mi oreja en ese delicioso punto de placer. Y tus palabras caen como nieve, como delicias enredadas de belleza dulce.
Y me recuerda que después de todo, sí.
Estoy viva, después de todo.
Y me bebo tus palabras, pero no me sacio con ellas. Quiero más, siempre quiero más.
Siempre quiero más porque sé que luego todo desaparecerá y volveré a estar sola.
Viviendo sola. Ordenando momentos de mi vida. Sola.
Pero esta vez, te tengo. Te he cazado.
Y te recordaré.


Pues, no he contado las palabras, pero son todas y cada una de ellas un BONITO regalo.