-¿Qué tal, tía? ¿Cómo está?
-Ya lo ves. Sigue dormido. Ven que te de dos besos, estás muy guapa.
-Gracias -digo dejando que me bese la mejilla. No se me ocurre ninguna otra cosa que decir, ni siquiera devolverle el cumplido. Lo cierto es que la tía está bastante desmejorada. Vieja, está vieja. Y tiene unas profundas ojeras azules que casi le abarcan toda la cara. No está alegre, pero es que ahora, ya nadie está alegre.
A mi padre le han sentado en un sillón azul de piel artificial y está atado con un arnés para que no se caiga. Aún así, le cuelga la cabeza. Está dormido en una especie de coma que tal vez sea sueño, pero que parece coma, y del que no termina de despertar.
Mi tía se llama Blancanieves, pero todos le llaman Blanqui. No sé mucho de ella, de modo que no sé bien cómo iniciar una conversación. Me siento enfrente y trato de acomodar a mi padre, por hacer algo. Hay silencio, pero de pronto, ella empieza a hablar:
-Un día, recuerdo un día… Un día, el tío Martín nos llama a mi hermano y a mí, y nos dice que tenemos que vestirnos guapos porque el Padre quiere vernos. Dice que acabamos de cumplir años y que quiere estar con nosotros. Hacía mucho que no veíamos al Padre, y que por eso quería vernos, porque habíamos cumplido años.
Y nosotros le creímos.
Cuando entramos en la casa, vemos al padre muerto encima de la cama y con dos velas encendidas, una a cada lado.
¡Mira! Tú no sabes qué impresión nos dio eso. Las velas movían la sombra del padre muerto haciendo dibujos en las paredes.
Nos caemos, recuerdo que los dos nos caímos al suelo del susto. ¡Qué cosas se hacían antes! ¿No? Diez años tenía yo y mi hermano ocho. ¿Por qué haría eso el tío Martín?
Te juro que no olvidaré nunca aquel día. Nunca, da igual el tiempo que viva.
La tía Blanqui se calló de pronto. Mi padre seguía dormido luchando por cada respiración.
-Desde luego, es increíble -digo y no se me ocurre decir otra cosa.
Luego, hubo silencio otra vez.
Algunas historias, sencillamente, no tienen ninguna moraleja.


Lo curioso es por qué extraña asociáción le vino ese recuerdo a la mente. Moraleja: la muerte cuanto antes se conozca menos impone.
Tal vez sí que haya moraleja, después de todo.
…