23
Abr
09

El país de las Maravillas

El viejo y loco hacedor de sombreros rie estúpidamente mientras sirve otra taza de té. Está de buen humor y eso es bueno, piensa Alicia. Hace tiempo que ella está atrapada en esa horrible casa de la que no puede salir por más que lo intente, como en una pesadilla. El hombre se empeña en que ella beba, pero él siempre derrama el contenido de su propia taza. El suelo está sucio, la mesa está sucia, el aire está sucio. Alicia suspira. Desea llorar, pero cree que es mejor no hacerlo.

Nadie dijo que el País de las Maravillas fuera algo bueno, después de todo. Uno termina deseando escapar de cualquier parte.

El viejo loco se quita el sombrero y llena su taza de té. Una baba le cae por la cara, entre su barba descuidada de tres días. Ríe y su voz es chillona, da algo de miedo.

-¡Vamos niña! -grita- ¡Bebe! Aquí todo el mundo es feliz.

Alicia encuentra entonces una galleta en medio de la mesa. Tiene forma de Popeye, y no se lo piensa.

Con el primer bocado crece tres veces su tamaño. Con el segundo, quince veces. Con el tercero, es una gigante de cien metros.

Todo es cuestión de perspectiva. Si uno es grande, los problemas se  hacen pequeños, la gente deja de ser un problema y las cosas no tienen ninguna importancia. Todo se puede destruir y destruir es divertido. Alicia es ahora un monstruo despiadado y cruel que no duda en acabar de un pisotón con la casa del viejo cose-sombreros y ahoga al sátiro enano con un escupitajo. Le gusta verle retorcerse y suplicar piedad. Es genial ser grande.

Ahora sí que parece que ocurren maravillas, ahora la suerte está de su parte. La niña se  comporta como lo podría hacer un malvado Ogro de cuento. Da igual, esto es una pesadilla de todas formas.

Alicia sabe que no le durarán mucho los efectos de la galleta, y que en cuanto vuelva a su tamaño normal y alguien pueda abusar de ella, lo hará. Debe aprovechar el tiempo y destruirlo todo a su alrededor. Todo. Así nada le hará daño.

Y los efectos se pasan, claro que sí. Alicia vuelve a su tamaño de niña pequeña, tal vez algo más bajita que lo habitual. Ahora tiene que huir, hay un gato con una enorme sonrisa que parece querer burlarse de ella, tal vez, robarla, o algo peor. Y hay unas cartas gigantes que la están buscando.

Ojalá alguien le indicara la salida mas cercana del Pais de las maravillas.


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Un Rincón Tranquilo

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