Archivos para Mayo 2009

27
May
09

De gatos y botes de salchichas

Debo confesar que me alegré el día que supe de la muerte de Tía Engracia. Después de todo, yo era su único pariente vivo y la tía era una mujer muy rica, de modo que al fin podía empezar a respirar tranquila. La vida me sonreía, o eso creía yo.

La tía, en un alarde póstumo de excentricidad, decidió nombrar única heredera de su fortuna a Duquesa, una hermosa gata persa, que era muy lista según decían. A pesar de eso, tía Engracia debió pensar que la gata necesitaría de un ser humano para sobrevivir y me eligió a mí como tal para cuidar de ella.

Había además una advertencia. Si yo quería heredar algún día, Duquesa debía tener una muerte natural.
Bueno, -pensé- ¿Cuánto puede vivir un gato? Es solo cuestión de paciencia.

Paciencia.

Doce años después de aguantar a la odiosa gata, la paciencia se me iba agotando, así que decidí ayudar un poco a la madre naturaleza y aprovechando que Duquesa se había dormido en el alfeizar de la ventana, la empujé al vacío. Tres pisos no fueron suficientes para acabar con ella, pero sí para declarar la guerra entre las dos.

Aquella noche, aprovechando que no había mucha luz en el rellano, Duquesa se acurrucó a la salida de mi habitación y me esperó pacientemente. Tropecé con el bulto peludo y caí por las escaleras descoyuntándome la espalda.

Desde entonces vivo en esta silla de ruedas con la única compañía de la gata, que al menos una vez al día se acerca para traerme comida. Ocho años llevo ya alimentándome de botes de salchichas que Duquesa roba no sé bien de donde.

Y ahora sigo preguntándome con angustia.
¿Cuánto podrá vivir un gato?




Un Rincón Tranquilo

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