Archivos para Junio 2009

30
Jun
09

La papisa Juana

Cuenta la leyenda que hubo una mujer que fue nombrada Papa. De origen humilde, Juana descubrió pronto que era más inteligente que sus hermanos y que tenía más facilidad para los estudios. Aprovechando una terrible revuelta que hubo por parte de unos bárbaros en la ciudad, Juana se vistió de hombre y consiguió así escapar del saqueo. Juana se convirtió entonces en Juan y se dio cuenta que así vestida, todo era mucho más fácil. No tardó en hacerse camino en el difícil mundo eclesiástico y terminó en la curia de Roma, siendo elegida Papa con el nombre de Benedicto III.
Cuentan que fue ella la que propuso mojar el pan en vino en la comunión, evitando así la costumbre de la época en que se pasaba el mismo cáliz por todos los feligreses, contagiándose la peste.

Dicen que Juana quedó embarazada de un apasionado amor y que dio a luz en el transcurso de una procesión, en medio de Roma, donde murió.

Por supuesto que se intentó por todos los medios ocultar cualquier cosa que pudiera recordar aquel terrible episodio y es por eso que hay una etapa en los archivos donde todas las referencias al pontificado son confusas o no existen.

Desde entonces, las procesiones en Roma evitan el trayecto del Vaticano a Letran, a pesar de ser ese el camino más lógico para seguir.

También se dice que desde entonces se utilizó el método de “la silla” para elegir el papa, en el que el candidato se sentaba sin ropa interior en una silla a la que se le había quitado parte del asiento. Un cardenal se ocupaba de entrar debajo de la silla y comprobar los genitales del nuevo papa y con las palabras “Tiene dos y cuelgan bien” el Papa podía pasar a ser elegido.

25
Jun
09

Prisión

El preso ve la navaja encima del marmol. Es una navaja pequeña, uno de esos cortauñas que regalan como publicidad., pero para él es suficiente. Le separan apenas unos metros de ella, no puede dejar de mirarla, como si con la fuerza de la mirada la pudiera atraer de algún modo.

O algo así.

-Mea sin hacer ruido -dice el carcelero- hazlo apuntando a las paredes de la taza, no quiero que despiertes a Jack. Tiene el oido muy fino.

El preso obedece sin poder quitar la vista de la navaja. Intenta no hacer ruido pero a veces se le escapa y el chorrito suena. El carcelero aprovecha entonces para zarandearle de la camisa que un día fue de color verde pastel.

Todos los recuerdos se le amontonan en la cabeza y siente una náusea al ver aquel pestilente váter  que parece ser un aviso de lo que será su futuro en adelante. Su vida ha terminado en realidad, a partir de ahora sólo vivirá retazos de su muerte.

No se lo piensa y decide actuar. Se lanza a por la navaja y en un movimiento brusco e inesperado consigue clavarsela en la cara al carcelero, que ciego de ira y dolor, desenfunda su pistola y la vacía en el cuerpo del preso que ya no orina.

-Gracias – murmura el preso antes de morir.

El carcelero se lleva la mano a la herida y dice solamente

-Hijo de puta.

22
Jun
09

El hombre de las gafas redondas

-Mucha gente no sabe cómo conocí a Yoko.

El hombre de las gafas redondas hablaba, mientras la joven periodista anotaba sin perderse una de sus palabras, encendidas sus mejillas entre el rubor y la emoción. Era la primera entrevista que hacía a un famoso en los Strawberry fields. No sabía que también sería la última.

-Ella exponía en una galería de arte moderno –John continuó hablando- Entré porque me sobraban quince minutos antes de encontrarme con Paul. Paul siempre llega un cuarto de hora tarde.

Ya sabes lo que es el arte moderno. En un pedestal se exhibía una lata de tomate, en otro, un indescifrable amasijo de hierros. En el ambiente flotaba una curiosa música oriental bajo el ritmo monocorde de cascabeles.

Ella estaba al pié de una escalera de madera, en el mismo medio del local. Su pelo le caía como una cascada negra hasta la cintura. Creo que no me reconoció y a pesar de todo, sonreía.

Le pregunté que qué era lo que significaba su obra y ella me invitó a que subiera a verlo por mí mismo.

Sin demasiado entusiasmo subí los peldaños hasta el final de la escalera. Allí sólo había un papel.

Decía: Sí.

Eso fue lo que me enamoró de ella.

11
Jun
09

La campa del muerto

–¡Hay un hombre muerto en la campa!

–¿Qué? –Marcos dejó de dibujar en la pizarra un monigote ahorcado que se parecía un poco al profesor.

–Detrás de la catedral, en la campa. Hay un muerto. ¿Vienes a verlo?

–¡No!

–¿Tienes miedo?

–No, no es eso –titubeó Marcos– Es que  faltan diez minutos para que empiecen las clases y mañana hay examen  y no podemos …

–¡Tienes miedo! –afirmó José burlándose.–¡Vamos! Tal vez ésta sea la única oportunidad de ver un muerto, no seas gallina. Te pareces a tu hermano Pablo. Gallina.

«Maldito, maldito José». Pensó Marcos. Y luego añadió.

–¡Vamos!

Con los dedos aún manchados de tiza y una sensación de mariposas revoloteando en el estómago, los dos niños se escabulleron del colegio a veces corriendo, a veces escondiéndose hasta llegar a la parte trasera de la catedral, que a esa hora de la siesta estaba desierta.

Justo en esa campa siempre hubo un tiovivo que hacía las delicias de los niños las mañanas de domingo. Pero ahora irónicamente, el tiovivo estaba cerrado y junto a él, bajo una lona, había un muerto.

–¿Ves? Ahí está.

–Está tapado. ¿Cómo sabes que es un muerto?

–Yo vi cómo lo mataban.

–¿Y por qué no hay policías?

José se encogió de hombros.

–¿Y yo qué sé? Vamos. ¿Te atreves a verle la cara?

–¿Yo?

–Sí, tú. ¿O eres demasiado gallina?

«Maldito, maldito José».Pensó Marcos. Después se acercó al bulto semioculto bajo el tiovivo y luchando contra los acelerados latidos de su corazón que amenazaba con salírsele del pecho, levantó la lona despacio.

No. No podía ser.

José salió corriendo de allí como alma que lleva el diablo y Marcos se quedó en silencio odiándole. Odiándole para siempre.




Un Rincón Tranquilo

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