-Mucha gente no sabe cómo conocí a Yoko.
El hombre de las gafas redondas hablaba, mientras la joven periodista anotaba sin perderse una de sus palabras, encendidas sus mejillas entre el rubor y la emoción. Era la primera entrevista que hacía a un famoso en los Strawberry fields. No sabía que también sería la última.
-Ella exponía en una galería de arte moderno –John continuó hablando- Entré porque me sobraban quince minutos antes de encontrarme con Paul. Paul siempre llega un cuarto de hora tarde.
Ya sabes lo que es el arte moderno. En un pedestal se exhibía una lata de tomate, en otro, un indescifrable amasijo de hierros. En el ambiente flotaba una curiosa música oriental bajo el ritmo monocorde de cascabeles.
Ella estaba al pié de una escalera de madera, en el mismo medio del local. Su pelo le caía como una cascada negra hasta la cintura. Creo que no me reconoció y a pesar de todo, sonreía.
Le pregunté que qué era lo que significaba su obra y ella me invitó a que subiera a verlo por mí mismo.
Sin demasiado entusiasmo subí los peldaños hasta el final de la escalera. Allí sólo había un papel.
Decía: Sí.
Eso fue lo que me enamoró de ella.


es lo que tiene el arte de sugerente, de atrayente, lo qe dice y sugiere más allá de las palabras lo qu enamora..